miércoles, 18 de enero de 2012

Toxico

Joel 1:5 Despertad, borrachos,  y llorad;  gemid,  todos  los que bebéis  vino a causa del  mosto,  porque  os es quitado  de vuestra boca.
 
En tiempos del profeta Joel, cuyo libro no se sabe aún una fecha definida (aunque se cree que fue en el año 600 a.C.), no había gran diferencia con nuestros días. Al leer el libro, nos percataremos que la nación de Israel tenía una situación religiosa crítica, un tiempo de crisis nacional total, sobretodo en la parte espiritual, una nación que había pasado por un tiempo de destrucción y humillación generalizada  La alternativa ante estos tiempos era una renovación profunda en la relación del pueblo con Jehová.

Al ver este versículo, salta a nuestra mente la idea nada nueva, de que las personas preferían sumergirse en el alcohol o algún otro tipo de vicio, con pretexto de huir de la precaria situación descrita.

La crisis espiritual ponía a los judíos en una difícil situación, pues al estar lejos d Dios, no tenían una guía para enfrentar las crisis, considerando que ese alejamiento había llegado porque ellos mismos lo habían resuelto así.

Al dejar de orar, de leer la Biblia, al desobedecer, nos estamos alejando de Él.

Pero, ¿cómo reaccionamos nosotros ante las crisis? ¿Buscamos el alcohol, drogas, u otro vicio?

Vivimos un tiempo similar al de Joel, ahondado por la crisis familiar mundial, donde los divorcios son “algo natural”, donde los hijos no tienen un modelo parental que los forme, donde cada integrante de la familia vive su mundo individualista, peleado con los compromisos y responsabilidades.

Pero me llamó la atención que Dios utiliza un lenguaje muy particular, así que veamos un poco de las palabras originales de Joel 1.5.

Comienza con un llamado a despertarse, la palabra hebrea empleada es cuts, y da la idea de despertarse abruptamente del sueño. Cuando Dios habla, nos saca de ese letargo espiritual donde nos encontremos. Si estamos en un camino de vicios, hay que reaccionar de manera inmediata, abrupta. Las palabras del Omnipotente no deben pasar desapercibidas. ¿Es así en nuestra vida?

Pero más me interesó la palabra shikkór, utilizada para borracho.  En el concepto original, quiere decir: intoxicado. Esta palabra se utilizaba también en un contexto de hábito, es decir, una persona que tiene por costumbre el estar intoxicado. Sabemos que el alcohol tiene ingredientes que causan daños y lesiones a varios órganos de nuestro cuerpo, pero además, no solo el alcohol provoca estas situaciones.

Al hablar de las drogas, por ejemplo, sabemos que son substancias tóxicas, tales como marihuana, LSD, coca, etc. A esta lista debemos añadir el famoso cemento de contacto, que ha ganado terreno estos años, y cualquier cosa tóxica que exista, lo cual nos haya formado un hábito en su consumo.

Dios manda a reaccionar de manera enérgica, si estamos pasando por algún consumo de tóxicos, hay que levantarse del seño. Se habla de estar dormido, pues alguien que duerme no tiene una conciencia plena de la realidad, es ajena a las cosas externas, y solo puede disfrutar de sus sueños (suponiendo que sean solo buenos sueños). Pero los sueños de nuestro dormir, no son reales, ni siquiera son aspiraciones. Al despertar, y recordar, nos queda solo un sabor dulce o amargo, según hayamos soñado, de lo no vivido.

Los efectos de esas substancias son así, pasajeros, no reales, son alucinaciones temporales. Si eres de los que consumen, ¿estás seguro que quieres eso para tu vida?

Pero, ¿será que solo las drogas o el alcohol nos intoxican? Gálatas 5:19-21, nos da esta lista: Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”

Podemos estar intoxicados de celos, de rencor, de envidia, etc, y esto provoca que nuestro espíritu esté enfermo y en crisis. De tales cosas hay que salir, hay que reaccionar y dejar de vivir dormido para pasar al lado activo de estar despiertos.

Luego el versículo dice: llorad. La palabra es baká, utilizada para el llanto en circunstancias de lamento o de duelo. ¿No te sugiere algo?

Cuanto daño causa un vicio o la lista de Gálatas? ¿Cuánto dolor puede provocar el adulterio? ¿Cuánto daño causa la envidia, celos, enemistades y contiendas?

Cuando paras y te das cuenta de cuan lejos has llegado en tu pecado, te lamentas al ver el dolor causado a ti mismo y a otros.

En esta parte, vemos en el versículo una división. Yalál es la palabra empleada para gemir, y significa aullar en tono lastimero o gritar con alharaca. El aullido es propio de ciertos animales salvajes. ¡Te das cuenta de cómo es una persona en vicio o pecado? Como un animal!. Un aullido se define como el sonido prolongado y quejumbroso que emiten animales como el lobo, el perro, etc. Te han comparado con estos animales? Se pierde la conciencia, el razocinio del que tanto se jacta el hombre.

El vino era la bebida infaltable en la mesa judía, pero recordemos, que en el contexto se habla del hábito en beberlo. Dios manda a lamentarse con aullidos por el vino, por causa del mosto. En este punto se vuelve necesario diferenciar el vino del mosto.

El vino era común en Palestina, y se daba como producto de la fermentación del jugo de uva. La primera fase de esa fermentación comenzaba unas seis horas después de exprimir las uvas. El zumo se echaba en tinajas (Jer 13.12) o en odres (Mt 9.17) para su fermentación y almacenaje. Vino en la Biblia es la traducción de varias palabras griegas y hebreas. Las más comunes son yayin (en hebreo) y oinos (en griego). También se usan tirosh y shekar en hebreo.

El hecho de que la Biblia apruebe el uso del vino fermentado no debe inquietar en loa absoluto. El problema más bien radica en el uso desenfrenado del vino que da como resultado la embriaguez, la cual la Biblia condena rotundamente. El vino, al igual que las relaciones sexuales, la comida, las emociones, el dinero y otras cosas, se prestan tanto para el uso legítimo como para el abuso pecaminoso. Las cosas en sí no son buenas o malas, es el uso que le damos a las mismas lo que resulta en bueno o malo.

El mosto, es el jugo freso de la uva, como recién pisado, es la palabra asís

Entonces, la amonestación va en función de un lamento por causa de que se quita el vino desde su estado más primario, es decir, el mosto. ¿Por qué se dice entonces que será quitado? No es eso lo mas recomendable, quitar el vicio quitando la substancia que lo provoca? Pues no. Es el corazón del hombre lo que provoca el pecado, los continuos pensamientos en el deleite de la carne, el constante coqueteo con el Diablo.

Si quitas de alguien la botella de alcohol, no tardará en encontrar otro vicio igual o peor. La solución la da Dios: despertad! Levántate del sueño de manera abrupta!
 Joel 1.15 declara: “…porque cercano está el día de Jehová, y vendrá como destrucción por el Todopoderoso” El juicio divino se manifestará a su tiempo, ¿Qué diremos aquel día?

Este texto de Joel, habla de un juicio cercano, ¿estás seguro que a ti no se aproxima?

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